El gesto de Caracas se produce en un contexto enrarecido por años de sanciones económicas, acusaciones de vínculos con el narcotráfico y un endurecimiento de la presión política por parte de Washington, que mantiene la mirada puesta en el régimen venezolano desde que lo declaró una amenaza para la seguridad hemisférica.
Maduro sostiene que Venezuela no aceptará condiciones externas para un eventual encuentro, al tiempo que insiste en la defensa de la soberanía nacional. Desde Estados Unidos, la postura oficial sigue siendo cautelosa: cualquier acercamiento, aseguran fuentes del Departamento de Estado, depende de avances verificables en temas como transparencia democrática y derechos humanos.
La oferta venezolana abre una ventana diplomática, aunque frágil. Sin gestos concretos ni un marco de negociación claro, los analistas advierten que el anuncio podría quedarse en una declaración simbólica más que en el inicio de una nueva etapa en la relación entre ambos gobiernos.